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Si a alguien le diagnostican cáncer resulta espeluznante; al tratarse de leucemia, se torna estremecedor, pero si es leucemia mieloide crónica, se vuelve siniestro, pues se trata de una combinación espantosa. No obstante, en la actualidad, pacientes con LMC, tienen más probabilidad de vida cuando se les aplica terapia dirigida con Bosutinib.

Hablemos del cáncer

La palabra cáncer, tiene varios significados y aún cuando no es un término científico sino algo así como un vocablo tabú, su sola mención (si no estamos oyendo o leyendo el horóscopo, refiriéndonos a alguien del signo del zodiaco que lleva ese nombre, estudiando una constelación zodiacal o hablando de un mal nocivo para la sociedad), significa algo nefasto, pues en medicina se trata de “tumor maligno originado por la multiplicación celular anormal o desordenada en un tejido o en un órgano”, cuyo tratamiento (a veces de por vida) implica muchas complicaciones.

Generalmente las personas a quienes les es diagnosticada la enfermedad, sufren de ansiedad, miedo y preocupación al saber que el cáncer formará parte de sus vidas, sin tener la más mínima idea de hasta cuándo, por lo que debemos estar conscientes de que estos enfermos necesitan el respaldo y la ayuda de otras personas, familiares, amigos, grupos de apoyo, grupos religiosos, etc., en pro de su salud mental.

El cáncer es una de las enfermedades con mayor impacto psíquico, por la cantidad de malos augurios detrás de su nombre, que no solo implican un proceso de dolor y muerte sino también de mutilación, siendo lo más traumático para un paciente, que sea calificado como “dolorosa enfermedad”, porque precisamente la falta de dolor en un nódulo cuando el mal se inicia, lo predispone al sufrimiento.

La sola palabra cáncer puede acarrear consecuencias psicológicas ante una enfermedad grave definida como neoplásica, con proliferación de las células que se reproducen de forma anormal e incontrolada, donde el paciente entra en un círculo imparable entre cirugía, quimioterapia y radioterapia, que tiende a aumentarse de acuerdo a la tolerancia o no a los tratamientos aplicados.

Siendo una enfermedad tan antigua como la vida tanto en el reino animal como en el vegetal, ni la ciencia, ni los científicos han descuidado, a través de los años, las investigaciones, a fin de desarrollar herramientas cada vez más eficientes para el diagnóstico precoz y el logro de tratamientos más efectivos y específicos, a fin de conseguir que el cáncer sea una enfermedad prevenible y curable.

Existen más de 200 tipos de cánceres, pero cada uno es único debido a que no se puede definir por el órgano que afecta sino por el tipo de célula del tejido. Los carcinomas más  frecuentes, se pueden dividir en dos grandes grupos: los tumores sólidos y las enfermedades hematológicas como linfomas y leucemias.

La leucemia

La leucemia, es un tipo de cáncer generado por la multiplicación incontrolada de los blastos (glóbulos blancos inmaduros), que se forma en la médula ósea, invadiendo la sangre y otros órganos como el bazo, los riñones, el hígado, los ganglios linfáticos y el cerebro, desplazando las células normales. Es una afección grave que necesita tratamientos como quimioterapia, medicamentos, trasplante de médula ósea o de células madre, radioterapia o terapias dirigidas.

No es hereditaria ni contagiosa, su desarrollo puede ser lento (crónica) o rápido (aguda), sus causas tampoco son muy conocidas, pero hay circunstancias como el uso de drogas, el tabaquismo, ciertos tipos de virus, exposición a radiación y algunos factores inmunológicos, que pueden generar la leucemia, la que iniciándose en la médula ósea, afecta los leucocitos (células que defienden al organismo), y a través de la sangre se esparce por el cuerpo.

Es un tipo de cáncer diferente, porque no se inicia en ningún órgano, sino directamente en la médula ósea y cuando una célula allí se vuelve leucémica, no madura ni muere como debe hacerlo; al contrario se divide más rápido de lo normal formando nuevas células cancerígenas que, al acumularse dentro de la médula, desplazan a las células normales y al saturarla, salen y se incorporan al torrente sanguíneo.

Cuando el mal invade el organismo, obstaculiza e impide la producción de células normales como glóbulos rojos que llevan oxígeno a los tejidos, plaquetas que ayudan en la coagulación de la sangre y glóbulos blancos defensores contra infecciones, lo que causa la presentación de síntomas generalmente mortales, conforme van disminuyendo las células sanguíneas sanas.

Es la forma más común de cáncer en los niños sobre todo en los varones, que casi siempre sufren la de tipo agudo y cuyos factores de riesgo incluyen las enfermedades hereditarias que causan que nazcan con problemas en el sistema inmunológico, tener hermano o hermana con leucemia, haber recibido tratamiento con radiación o quimioterapia, teniendo como métodos de curación los ya mencionados antes, que casi siempre funcionan para curar la leucemia infantil.

La leucemia en general (que como ya se dijo puede ser aguda o crónica), se puede diagnosticar a través de hematología, tomografía computarizada, mielograma, biopsia de la médula ósea o a través de una punción lumbar; el tipo del mal que la persona presente y la fase en que éste se encuentre, es determinante para la indicación del tratamiento adecuado.

Punción lumbar

Los síntomas iniciales de la leucemia son fiebre alta, sudor nocturno, escalofríos y pérdida de peso sin causa aparente. Luego pueden aparecer los ganglios del cuello, las axilas y detrás del hueso del codo inflamados, aumento del bazo, baja concentración de plaquetas en la sangre, anemia y cuando se afecta el sistema nervioso central se manifiesta  dolor de cabeza, vómitos, visión doble y desorientación.

El tratamiento de la leucemia aguda, se debe iniciar lo más pronto posible, a fin de combatir los síntomas y evitar el avance de la enfermedad, pues existen casos que con la detección temprana y la medicación adecuada, se han curado completamente. La leucemia crónica, en cambio, puede ser asintomática, lo que causa que la cura resulte más difícil, pero su avance se puede controlar con tratamientos de mantenimiento, a lo largo de la vida.

Existen cuatro tipos de leucemia: la linfoide (también linfocítica o linfoblástica) aguda y crónica, que se genera en los linfocitos y la mieloide (mielógena, mielocítica o granulocítica) aguda y crónica que se origina cuando la médula ósea desarrolla mieloblastos (glóbulos blancos inmaduros) y glóbulos rojos o plaquetas anormales. Su diagnóstico debe realizarse con el sistema de aspirado de médula ósea.

Leucemia mieloide o mielocítica aguda o LMA

La leucemia mieloide (o mielocítica) aguda, es el resultado de la mutación de una célula de la médula ósea en desarrollo, caracterizada por la transformación repentina y muy rápida en numerosos glóbulos blancos inmaduros, los cuales se multiplican velozmente, originando los llamados blastos leucémicos, tipos de célula que no funcionan normalmente, pero que crecen y sobreviven mejor que las células normales.

Las leucemias agudas (y la LMA no es la excepción), por ser de rápida progresión, tienden a ser fatales en cuestión de semanas o meses, si no son tratadas rápida y adecuadamente, pues la invasión de la médula ósea normal por células leucémicas que reemplazan las células normales, ocasionan un significativo descenso de glóbulos rojos, plaquetas y leucocitos sanos y esto causa la aparición de hematomas, dificultades en la coagulación y aumento del riesgo de infección.

Este tipo de cáncer puede afectar tanto a adultos como a niños, pero en éstos últimos es poco común y aunque las causas de la LMA son desconocidas, en los menores existen factores que pueden conducir al desarrollo de la enfermedad, como por ejemplo, ciertos trastornos genéticos como el síndrome de Down, haber sido medicado con fármacos utilizados para tratar el cáncer, exposición a alcohol o humo de tabaco antes de nacer, e historial de enfermedades como anemia aplásica o tratamiento previo con radioterapia.

Tratamiento de la LMA

Siendo la LMA, una enfermedad potencialmente curable, sólo una minoría de enfermos son tratados con terapia actualizada. Inicialmente la primera medicación es la aplicación de quimioterapia, que consiste en el uso de drogas citotóxicas muy potentes inyectadas en la vena, que frenan el crecimiento de las células cancerígenas matándolas o impidiendo su proliferación y división.

Frecuentemente la LMA es tratada con medicamentos de quimioterapia como la citarabina (arabinósido de citosina o ara-C) combinadas con los fármacos de la clase de las antriciclinas (danorrubicina o daunomicina, idarrubicina y motoxantrona). Sin embargo hay otros medicamentos como fludarabina, tioguanina, azacitidina, etc., también efectivos para el tratamiento de esta enfermedad.

Los adultos son más propensos a sufrir este tipo de enfermedad, cuya incidencia crece con la edad, por lo que se espera que el auge sea mayor en proporción al envejecimiento de la población. Sin embargo comparado con el cáncer de mama en las mujeres o el de próstata en los hombres, la leucemia mielobástica aguda no es habitual.

Desde hace algún tiempo, las investigaciones relacionadas con la LMA se están concentrando en averiguar las causas que la ocasionan, con el fin de lograr mejores marcadores de diagnóstico, el desarrollo de nuevos y más efectivos métodos para la detección de la enfermedad residual post tratamiento y la creación de nuevas drogas y terapias dirigidas a blancos más específicos.

Leucemia mieloide crónica

La leucemia mieloide crónica es un tipo de cáncer poco activo, incluido dentro de las enfermedades llamadas neoplasis mieloproliferativas, que se caracterizan por una evolución lenta. También recibe los nombres de leucemia mielógena, mielocítica o granulocítica y se distingue por la proliferación de mieloblastos (células sanguíneas inmaduras que elaboran glóbulos blancos) en la sangre y en la médula ósea.

Su principal característica es el cambio del cromosoma Filadelfia (denominado así porque los científicos Peter Nowell y David Hungerford, descubridores del mismo), en el que interactúan una parte del cromosoma 9 y una del cromosoma 22 que se rompen y cambian de lugar entre ellos.

Estos resultados se logran mediante un estudio efectuado en un aspirado de la médula ósea, obtenido por medio de una punción de la misma.

Por ser, como ya se dijo de progresión lenta, los síntomas de la LMC, leves al principio y progresivamente graves, pueden tardar mucho tiempo antes de aparecer, por lo que la enfermedad es detectada frecuentemente con un análisis de sangre realizado por otra causa, donde el botón de alarma lo marca la aparición de un incremento marcado de glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas.

Los pacientes con esta sintomatología pueden presentar eventualmente, pérdida de peso, dolor óseo, debilidad o fatiga, fiebre, sangrados, infecciones repetitivas, cansancio generalizado, sudoración excesiva sobre todo en la noche, y dolores abdominales causados por un incremento en el tamaño del bazo (esplenomegalia).

Tratamiento de la leucemia mieloide crónica

Los tratamientos más comunes para la LMC son: la quimioterapia, cirugía para extirpar el bazo, trasplante de células madre, infusión de linfocitos de un donante (posterior al trasplante de células madre) y terapias biológicas y dirigidas. Las biológicas estimulan la capacidad del organismo para combatir el cáncer, y las dirigidas utilizan sustancias para identificar y eliminar células cancerígenas específicas, sin dañar las células sanas.

Una de las opciones considerada durante años como el tratamiento por excelencia para la  mayoría de los enfermos de esta pandemia, fue el trasplante de médula ósea, pero actualmente está reservado sólo para pacientes que no respondan al tratamiento con los diferentes ITC (inhibidores de la tirosina cinasa), fármacos que impiden la acción de transformación de la células madres en más glóbulos blancos de los que el organismo necesita, producida por la tirosina cinasa.

https://www.youtube.com/watch?v=9AcXU3e7YwE&t=162s

Terapias dirigidas

Las terapias dirigidas son tratamientos diferentes de la quimioterapia tradicional, que utiliza medicamentos de aplicación oral, útiles para atacar proteínas o genes específicos ubicados en células cancerosas o relacionadas con el crecimiento del cáncer, como células de vasos sanguíneos. Pueden formar parte de la medicación, al ser usadas en combinación con quimioterapia y otros tratamientos.

Más de cien años de investigaciones para entender la diferencia entre las células normales y las cancerígenas, han dado como resultado la creación de este tipo de terapias, cuya finalidad es la destrucción de aquellas células que como las cancerosas tienden a dividirse rápidamente, corriendo el riesgo de matar células normales que también se dividen de forma acelerada, lo que origina múltiples efectos secundarios.

Esto quiere decir, que la misma terapia dirigida no funciona para cualquier paciente, que una medicación de este tipo no será efectiva si el tumor no tiene blanco, y aún con éste no es garantía de que el cáncer responda al fármaco.

Ocasionalmente los médicos se refieren a la quimioterapia (que se aplica por vía intravenosa) como terapia convencional, refiriéndose a la que ataca tanto células cancerosas como células sanas, para diferenciarla de la terapia dirigida (pastillas administradas por vía oral) que solamente afecta a las células cancerosas sin dañar las otras células, generando un perfil diferente en los efectos secundarios.

Los dos tipos principales de terapia dirigida son: anticuerpos monoclonales que usan anticuerpos elaborados en un laboratorio, para impedir el paso de un blanco específico en la parte exterior de las células cancerígenas y ayudan al sistema inmunológico a reaccionar y destruir las células cancerosas, y los fármacos de moléculas pequeñas que cortan el proceso causante de la multiplicación y diseminación de las células cancerosas.

Los ITC son fármacos orales con buen perfil de toxicidad y actualmente la leucemia mieloide crónica es tratada mediante la ingesta de este tipo de remedios (cuya toma en principio es de forma indefinida), siendo el Imatinib, que al ser aplicado por primera vez demostró un excelente perfil de seguridad y una gran eficacia, el primer medicamento aprobado para esta patología.

Otras medicinas de terapia dirigida como nilotinib, dasatinib y bosutinib, son denominados ITC de segunda generación, siendo los dos primeros aplicados en pacientes que no responden al tratamiento con imatinib, por lo que deben ser re-diagnosticados.

Un pequeño porcentaje de estos pacientes puede desarrollar una mutación conocida como T3151, que hace inefectiva la terapia con los ITC de segunda generación, por lo que es imprescindible para ellos la medicación con Potatinib, considerado un inhibidor de tercera generación.

¿Qué es Bosutinib?

Bosutinib o Bosulif, fármaco de terapia dirigida de segunda generación, es un inhibidor oral de los receptores de la tirosina cinasa (enzima que favorece la multiplicación celular), ampliamente efectivo para el tratamiento de la leucemia mieloide crónica, por su acción bloqueadora del oncogén BCR-ABL y otras proteínas, cuyo efecto es impedir que se formen células cancerosas tanto en pacientes con diagnóstico reciente, como en enfermos que no respondieron favorablemente a otras terapias.

¿Para qué sirve Bosutinib?

Bosutinib es un fármaco que al bloquear la acción de una enzima en particular, puede retardar la proliferación de las célula cancerígenas y se utiliza para el tratamiento de pacientes adultos con leucemia mieloide crónica portadora del cromosoma Filadelfia, en sus tres fases: crónica, acelerada y blástica; también en enfermos a los que se les ha aplicado terapia con otros inhibidores de tirosina cinasa sin resultados positivos.

Datos del medicamento

Nombre genérico: Bosutinib.

Nombre comercial: Bosulif.

Clasificación: inhibidor de la tirosina cinasa.

Laboratorio: Pfizer.

Grupo terapéutico. Denominación: Agentes antineoplásicos (inhibidores directos de la protein-quinasa).

Código ATC: L01XE14.

Tipo de dispensación: Hospitalaria.

Nombre del medicamento

Bosulif 100 mg. comprimidos recubiertos con película.

Bosulif 400 mg. comprimidos recubiertos con película.

Bosulif 500 mg. comprimidos recubiertos con película.

Composición cualitativa y cuantitativa

Bosulif 100 mg comprimidos recubiertos con película. Cada uno de ellos se encuentra bañado con una película que posee 100 mg de bosutinib (como monohidrato).

Bosulif 400 mg comprimidos recubiertos con película. Cada uno de ellos se encuentra bañado con una película que posee 400 mg de bosutinib (como monohidrato).

Bosulif 500 mg omprimidos recubiertos con película. Cada uno de ellos se encuentra bañado con una película que posee 500 mg de bosutinib (como monohidrato).

Forma farmacéutica

Bosulif 100 mg. comprimidos recubiertos con película, de color amarillo y con forma ovalada biconvexa (ancho 5,6 mm; longitud 10,7 mm), marcado “Pfizer” en una cara y con “100” en la otra.

Bosulif 400 mg. comprimidos recubiertos con película, de color naranja y con forma ovalada biconvexa (ancho 8,8 mm; longitud 16,9 mm), marcado “Pfizer” en una cara y con “400” en la otra.

Bosulif 500 mg. comprimidos recubiertos con película, de color rojo y con forma ovalada biconvexa (ancho 9,5 mm; longitud 18,3 mm), marcado “Pfizer” en una cara y con “500” en la otra.

Nota: Consulte a su médico, antes de utilizar este medicamento.

Indicaciones

Bosutinib está específicamente indicado contra la leucemia mieloide crónica con cromosoma Filadelfia positivo, en cualquiera de sus tres fases, para enfermos tratados previamente con uno o varios inhibidores de la tirosina cinasa, resistentes o intolerantes a imatinib, dasatinib o nilotinib, es decir pacientes cuyo margen de actuación terapéutica es muy restringido.

Contraindicaciones

Este fármaco está especialmente prohibido en pacientes que presentan hipersensibilidad al principio activo del medicamento, o a cualquiera de sus excipientes.

No consumir cualquier producto cuyo ingrediente principal sea la toronja, para evitar que la dosis de bosutinib sea potenciada.

Efectos secundarios

Los efectos secundarios más frecuentes o importantes que se presentan con el uso de Bosutinib son diarrea, náuseas o vómitos, sangre en la orina o en las heces, dolor repentino en el área del estómago, moretones o sangrado inexplicables. También se debe estar pendiente si en la piel o los ojos se observa un color amarillento, si la orina es oscura o marrón o si experimenta dolor abdominal, ya que estos pueden ser signos de toxicidad hepática. En cualquiera de estos casos debe informar inmediatamente al médico.

Otro efecto que puede presentar es la disminución en el recuento de glóbulos blancos lo que aumenta el riesgo de contraer infecciones. Observar si se tiene una temperatura mayor de 100.4 °F, dolor de garganta o resfriado, tos, ardor al orinar, falta de aliento o un dolor persistente y otros efectos menos frecuentes pero no menos importantes como retención de líquidos y problemas renales. Al observar cualquiera de estos síntomas, debe informar inmediatamente al facultativo.

Cómo usar Bosutinib

Este fármaco viene en cápsulas para ser administrado por vía oral con las comidas. Deben tragarse enteras, es decir no se deben masticar, aplastar o romper, porque el contenido de una cápsula puede ser peligroso al entrar en contacto con la piel; si esto sucede debe lavarse muy bien con jabón y agua y consultar con el médico qué hacer o como desechar la cápsula rota.

BosutinibSe deben seguir rigurosamente las indicaciones aún cuando se sienta mejor. Tampoco modificar ni suspender la dosis, salvo que el médico lo indique. Si se salta una dosis no debe tomar una dosis adicional sino ingerir la dosis prescrita al día siguiente, a su hora regular y estar consciente de que la cantidad de bosutinib que le será prescrita, dependerá de factores como el estado general y los otros problemas de su salud y el tipo de cáncer que esté padeciendo.

Mecanismo de acción

Bosutinib, inhibidor de la enzima tirosina cinasa actúa inhibiendo, entre otros, el oncogén BCR-ABL proteína de fusión, responsable de la translocación cromosómica (separación y remoción  de un segmento de ADN de un cromosoma, para fijarlo a un cromosoma diferente) entre los cromosomas 9 y 22 cuyo resultado es el cromosoma Filadelfia, presente en más del 90% de los casos de leucemia mieloide crónica.

Dosis

Se recomienda tomar Bosutinib de 500 mg con alimentos una vez al día, pero si el paciente no ha obtenido una respuesta hematológica completa en la octava semana del tratamiento, no ha alcanzado una respuesta citogenética completa en la semana 12, y no ha presentado efectos adversos grado 3 o superior en ambos lapsos, se debe considerar un aumento de la dosis a 600 mg diarios.

Este tratamiento se debe aplicar hasta que el paciente tolere el medicamento o hasta la progresión de la enfermedad. No obstante, hay que ser precavidos con enfermos mayores de 65 años, personas con trastornos cardíacos importantes y pacientes con insuficiencia renal aunque para estos casos no es necesaria una dosis específica. Para insuficiencia hepática se recomienda una dosis de 200 mg diarios.

Farmacocinética

Bosutinib en una única dosis de 500 mg administrado con alimentos sin grasa se absorbe entre 4 a 6 horas, pero si la comida es grasa, el Cmax y AUC se incrementan en aproximadamente 1.8 y 1.7 respectivamente. Se metaboliza por el citocromo CYP3A4, pero sus metabolitos son inactivos y después de ser aplicado con alimentos en una única dosis de 500 mg.

Efectos adversos

Los efectos adversos no hematológicos más frecuentes con el uso de Bosutinib son alteración de enzimas hepáticas ALT y AST, dolor abdominal, rash cutáneo, alteraciones electrolíticas (hipofosfatemia e hipermagnesemia), diarrea, náuseas, vómito, fatiga, prurito, cefaleas, alteraciones cardíacas (fallo cardíaco, arritmias y anginas). Los hematológicos son principalmente trombocitopenia, anemia y neutropenia.

Fertilidad, embarazo y lactancia

Si se administra el fármaco durante el embarazo o si la paciente queda embarazada mientras se le aplica el tratamiento, ella debe ser informada sobre el riesgo potencial para el feto.

Bosutinib

Interacciones con otros medicamentos

Algunos fármacos pueden afectar la expulsión del fármaco del organismo afectando su funcionamiento como los antifúngicos azoles (ketoconazol e itraconazol).

Igualmente los antibióticos macrólidos (claritromicina), medicamentos anticonvulsivos como fenitoína o la hierba de San Juan. Por eso es muy  importante que antes de iniciar el tratamiento, muestre a su médico o proveedor de salud una lista de todos los productos herbales y medicamentos con o sin receta, que esté usando, pues no debe empezar, suspender ni cambiar la dosis de ningún medicamento sin aprobación de su doctor.

Conclusión

Si bien el control de la leucemia mieloide crónica es importante, las nuevas estrategias en terapias dirigidas entre las que se encuentra bosutinib, están orientadas a tratar la enfermedad, previniendo los efectos adversos en el uso de los ITC mediante el manejo adecuado de las toxicidades de cada uno, para afectar lo menos posible aspectos como: adherencia, calidad de vida e interacción del ITC con otras enfermedades que coexistan con la LMC.

A tal efecto, se debe estudiar cada caso a fin de prescribir el inhibidor de tirosina cinasa adecuado, dosificado de manera óptima que no solo influya en la calidad de vida del paciente, sino que evite las reducciones posteriores de dichas dosis o los cambios innecesarios de tratamiento.

Este artículo es netamente informativo. Para cualquier referencia sobre el uso de este medicamento, se debe consultar con un médico.

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